miércoles, 21 de junio de 2017

La banda del patio



 "Jimmy y yo no podíamos iniciarnos por ser irlandeses. No importaba que mi madre fuera siciliana. Para ser miembro, había que ser 100% italiano y tener parientes en la madre patria. Era el honor más alto que ofrecían. Quería decir que pertenecías a una familia. Quería decir que nadie podía meterse contigo. Y, además, que podías meterte con todos a menos que fuese un miembro."

 Ray Liotta en Uno de los nuestros 

banda
2. f. Parcialidad o número de gente que favorece y sigue el partido de alguien. 

Diccionario de la RAE
 

sábado, 17 de junio de 2017

Sensaciones


Ricardo Garanda Rojas (@rgarciaaranda)


Mientras paseo por los pasillos del Palacio de Congresos de Madrid antes de sentarme en la butaca que me corresponde como invitado del 39 Congreso del Partido Socialista Obrero Español, tengo la impresión de que estoy presenciando un momento que puede ser histórico. Uno más para alguien que, como yo, ha conocido, más de cerca o a más distancia, varios momentos realmente históricos desde aquellos 1977 y 1982.

Cada comentarista, cada editorialista sacará las conclusiones que le parezcan oportunas sobre este proceso. En general se han venido equivocando seriamente durante las primarias, me temo que la mayoría ha perdido su credibilidad en cuánto a tratar de avanzar lo que después de este Congreso puede ocurrir en el PSOE y en la izquierda.

Por mi parte hoy no voy a intentar realizar sesudos avances, creo que ya he hecho suficientes en los dos últimos años y quien quiera los puede releer en este Blog. Hoy sólo voy a expresar mis sensaciones, mis impresiones.

Lo primero que me ha llamado la atención ha sido el hecho de ver repartidos por las filas de atrás, las de los invitados, a la mayoría de aquellos y aquellas que dimitieron de la Ejecutiva para presionar la dimisión de Pedro Sánchez. Tengo la sensación de que más de uno y de una estará recordando con malas ganas a quien se le ocurrió tal genialidad. No aplaudían mucho, desde luego nada cuándo se produjo la entrada de Pedro Sánchez en el Auditorio
También me pareció que la triste intervención a distancia de Felipe González se la podría haber ahorrado, un Saluda no es el espacio para lanzar tristeza entre la gente que, con más o menos ilusión, está iniciando el Congreso.

Mi sensación es que no había un verdadero ambiente de integración. Que Susana Díaz, con algunos de los suyos, se sentara en la fila decimosegunda, y que haya decidido no estar mañana en el Acto de Clausura, acompañando al menos, si lo de apoyar le resulta imposible, al nuevo Secretario General que con tanto impulso le ha ganado las Primarias, me hace intuir que tiene decidido vender cara su derrota. (*)
A mí me parece que si los actuales barones regionales siguen también en esa postura,  vamos a tener que elegir entre más de un candidato o candidata para ocupar la secretaria general de cada una de las comunidades. Que sensación más desagradable.

Al margen de estos rifirrafes, me causaron una gran impresión las intervenciones de los dos Sindicalistas. Ambos eran novatos en éste evento, Pepe Álvarez porque en el 38 Congreso todavía no era el Secretario General de UGT .  Ignacio F. Toxo porque, como él bien dijo: “es la primera vez que en un Congreso del PSOE se invita a intervenir a un representante de CC.OO” y añadió: “Algo está cambiando”.
Situaron la política a ras de suelo, ante la cara de la clase trabajadora que está sufriendo cruelmente el neoliberalismo de la derecha. Coincidieron en la urgente necesidad de que las izquierdas se unan para terminar con ésta sangría.
Hablaron de la urgencia de retirar las reformas laborales (en plural), de liquidar la ley mordaza y permitir que los trabajadores vuelvan a tener su derecho a huelga sin que imputen judicialmente a sus representantes. Hablaron de pobreza, desigualdad de género, explotación de trabajadores jóvenes, necesidad de corregir los errores fiscales para poder garantizar las pensiones…A pie de tierra, el reto al partido socialista para que incremente sus esfuerzos en la lucha de estas materias.

Total, además de estas intervenciones, intuyo que lo mejor de este gran momento es la fuerza de cambio de la que surge el nuevo equipo ejecutivo y su Secretario General a la cabeza. Los que no soporten el peso de haber perdido esta confrontación deberían dejar hacer a esa  nueva dirección, sin zancadillas, sin trampas. Si me apuran, con el orgullo socialista de que se están haciendo las cosas bien y de que se está en buena posición para avanzar por el camino que la militancia está decidiendo.

Tengo la sensación de que mañana el discurso de Pedro Sánchez ante miles de militantes y simpatizantes, va a ser para grabarlo.
Pero también tengo la sensación de que el futuro del nuevo Secretario y su equipo no va a ser nada fácil, ni por los de fuera ni por los de dentro.

Algunas sensaciones me encantan, otras me preocupan.

(*) Cuándo esta columna escribí aún no se había producido la fuga del Plenario del grupo susanísta de Andalucía ni la voluntad de no venir a votar, por parte de algunos, o de votar en contra, a pesar de lo expresado por la boquita  de su jefa de filas. Peor.


viernes, 9 de junio de 2017

El Congreso

 Ricardo Garanda Rojas  (Literania-Madrid, abril 2017)


Me mandaron aquí y no sé muy bien cuál es mi misión, mi función. Tú te vas allí, recoges tu credencial y participas de los debates.
Di mi nombre. Si, usted viene por “provincias centrales”. Me cuelgan una tarjeta del cuello que así lo indica, y me dan una carpetilla con un bloc de folios en blanco, un bolígrafo de los que sobraron en la última campaña y un pisacorbatas que no sé muy bien a cuento de qué viene. Pienso que le daré otro uso porque mi cuello es bastante incompatible con las corbatas, es difícil abarcarlo, necesitaría camisas con cuellos especiales y mis gustos son demasiado sencillos para ello.

¿En qué Comisión va a participar usted?. No sé, nadie me explicó esto. Pues mire, hay tres entre las que elegir: la comisión de hacer cosas, la de debatir quienes y como se hacen y la de qué cosas. Déjeme que lo piense, por favor, las tres me parecen interesantes pero complicadas, luego vuelvo y se lo digo. De acuerdo, de momento le apunto entre los indecisos.

Mientras pensaba en cuál sería la mejor opción, di una vuelta por el hall del Palacio de Exposiciones y Congresos con la esperanza de que algo o alguien me ayudara a acertar en tan importante decisión. Ya de inmediato, y a falta de mayor observación, comprendí que había dos grupos de personas, unos alegres, que bromeaban en corro, pensé que estos serían los que estaban de acuerdo. Otros sin embargo iban deprisa para un lado y para otro, preguntando con premura a alguno del otro grupo y otorgando el tiempo escaso para un sí o un no, y seguir su acelerada marcha con un papel doblado en su mano dónde tomaban, también de manera acelerada, algunas notas. Pensé que estos serían los que no estaban de acuerdo.
No tardé mucho tiempo en descubrir mi error, los relajados congresistas que reían, hacían bromas sobre la marcha y disfrutaban del momento eran los que no estaban de acuerdo, y los correcaminos preocupados serían sus oponentes. No estaba entendiendo yo muy bien estos preliminares, pero bueno, tenía dos cosas importantes en qué pensar y no podía perder más el tiempo en disquisiciones sicológicas. Tenía que descubrir cuál era mi misión, mi función representando a las provincias centrales, y  lo que aún era más complicado, tenía que decidir a qué comisión iba.

Me acerqué de nuevo a la mesa dónde me habían colgado la expresión de mi identidad al cuello, a ese mismo cuello que a la vez quieren sujetar con una camisa bien abrochadita , atada con una corbata que, a su vez, para que no se escape al viento debiera ir sujeta con una pinza dorada, con apariencia de mini arma peligrosa, más que nada porque ya me parecía a mí que era el cierre de una peligrosa serie de sujeciones. Bien, que me desvío, me acerqué a la muchacha tan amable que me clasificó  de inestable o indeciso, ya no recuerdo. Aunque bien pensado no sé por qué he de considerar yo que esta chica fuera especialmente amable, digamos que su comportamiento fue normal, equilibrado, al fin y al cabo yo no había hecho ni dicho nada que la pudiera hacer inclinarse hacia un comportamiento grosero conmigo. Total, amable, normal o grosera, me acerqué a ella y la dije que había decidido ir a la comisión de Qué cosas hay que Hacer.

Mi decisión fue fruto de una profunda, o tal vez no tanto, reflexión sobre los descartes. Ir a la comisión de Quiénes y Cómo hacer las Cosas me parecía demasiado presuntuoso por mi parte ya que, de momento, ignoraba cuáles eran las cosas que tenían que hacer los quienes, y mucho más atrevido me parecía debatir sobre el cómo hacer esas cosas. Y desde luego, me parecía que iba a hacer un ridículo espantoso si me presentaba en la comisión de Hacer Cosas sin tener ni la más mínima idea de qué cosas eran las que había que hacer. A saber con qué sorpresa hubiese podido encontrarme en mi ignorancia.
Pues ya está, inscríbame usted en ésta comisión y empecemos por averiguar  qué cosas he venido yo aquí a debatir. Muy bien, muchas gracias, ahora que ya se ha decidido, le entrego estas tres cartulinas, una roja, otra azul y una tercera blanca. Son las papeletas de votación.
Debí de poner cara de estúpido, porque se sintió obligada a explicarme (ahora si hay que definirla como amable, otro conflicto resuelto) que tenía que levantar la cartulina azul si estaba a favor de lo que se proponía, la roja si estaba en contra o la blanca si no lo tenía claro, si no quería dar la razón a ninguno de los dos bandos, si necesitaba más tiempo para decidir, si las dos propuestas le parecían mal o ambas le parecían bien, si, aunque le gustara más una propuesta que otra no quería herir los sentimientos de nadie, o simplemente si le daba la gana levantar la cartulina blanca, que las apetencias irracionales también han de tener su espacio en cualquier sistema democrático.
Guardé con cuidado en la carpetilla las tres tarjetas que debería utilizar en misiones tan importantes como son las de estar a favor, en contra o no estar. Igualmente guardé la guía de restaurantes de los alrededores que me dio también la ya definitivamente amable chica de la comisión de Credenciales. Listado de lugares adecuados para comer que tuve que utilizar de inmediato porque la mañana se había ido gastando con tantos dimes y diretes, tantas dudas y observaciones de pasillo que supongo a todos y a todas nos sirvió para que las horas pasaran a velocidad de vértigo. En la puerta de la sala reservada para mi comisión un letrerito informaba que las reuniones comenzarían a las 17 horas. A comer.



miércoles, 7 de junio de 2017

Ay! Dalai...


Ha nacido en el país prohibido,
perdido en la falda de una montaña.

Dicen que es la reencarnación de un Dios.
En el misterio del gran monasterio,
los lamas preparan el viaje.

Van a buscar al futuro gran señor.

Siguiendo los designios de un oráculo especial,
barrieron las montañas
y encontraron un chaval.

Sabio en la memoria pudo recordar
cual fue su rosario y su campana
y hasta el emisario.

Ay Dalai
Mecano (1991)

jueves, 1 de junio de 2017

Un Viaje

Ricardo Garanda Rojas. (Sonseca, 280517)


                  “Me fui. Comprobé que todo era igual en todas  partes, y volví a casa” 

Me desperté lento, tanto que no estaba claro si de verdad aún no estaba durmiendo. Me sorprendió ver la ventana en ese sitio, no sé por qué extraña razón, en mi duermevela previo, me había parecido que la luz del sol me entraba por otro ángulo. Será que con los ojos cerrados cada uno acude a sus propios espejos.

¿Y ahora?

Recuerdo que hace ya algún tiempo mientras me tomaba una cerveza en “Tú Vinatería” (que no sé  por qué  “tú” si la taberna es de Juan) pasó por allí un compañero de barra, guardia civil retirado, y le pregunto ¿dónde vas, amigo? Y respondió claro aunque nada me aclaró: “No sé”.

Yo hoy, mientras asumo, no sin esfuerzos, la posición de la ventana, tampoco sé.

Siento como si en lugar de haber pasado las horas en la cama, viniese de un largo viaje de mundos iguales a este, de gentes, aires y lluvias iguales a estas. Siento como si hubiese estado lejos y ahora hubiera vuelto porque nada nuevo descubrí.

¿Y ahora? No sé.

Yo tuve, hace muchos tiempos, una compañera que era muy feliz sabiendo que la ventana no cambia de sitio. Con ella viajé sin moverme, y me pareció que éramos ambos testigos de mundos bellos, alegres, prometedores. Pero ella dejó de viajar y ahora yo creo que todo es igual. Puedo volar, porque yo vuelo, y cambiar de aires, de ambientes. Puedo sumergirme en un enorme pantano de poesía, puedo mentir descaradamente diciendo que estoy inventándome una historia para convertirla en un relato, como éste, o en una novela. Puedo soñar despierto mientras veo un episodio de cualquier serie policíaca americana en la tele. Puedo interrogar al mundo y esconder mis propias respuestas.

Todo eso me permite la fuerza propulsora necesaria para volar, pero me da igual, con esa fuerza puedo ver, que no comprender, miles de mundos y todos los veo igual. Y yo quisiera ir a algún otro sitio distinto, pero al igual que a mi amigo de barra, el guardia civil jubilado, no sé.

Ya ni siquiera me acuerdo del tiempo que ha pasado desde que me desperté y no sabía dónde estaba la ventana.